miércoles, 18 de junio de 2014

Interdicto


Debería existir un castigo
doloroso pero no letal, equivalente a la mano cortada al ladrón
o a los ojos arrancados en pecado,
para quien menosprecie las palabras,
ignore el poder que ellas tienen y las guarde para sí.
Debería tal criminal
ser condenado a la soledad, al silencio, al oprobioso runrún de las metrópolis
que deja a su paso dolores insepultos y carcazas putrefactas.
Deberían todos los te quieros y los agravios
y las poesías y los ensayos
amotinarse frente al codicioso y exigirle liberación inmediata,
un habeas corpus a la expresión.
Pero tal vez no;
quizás sea suficiente
con dejar que ellas mismas florezcan dentro del que las calla,
que estallen en adverbios y adjetivos, en parábolas y prosas
y se dispersen y desborden por sus más escondidos recodos,
broten en la punta de sus dedos y en su lenguas tumefactas,
y pavimenten con estrellas su afligida existencia.

miércoles, 11 de junio de 2014

Sensitivo



Nada los une: ningún sentimiento, ninguna historia. No hay un pasado en común ni mucho menos una perspectiva de futuro. Y no creen en ataduras ni en hilos invisibles de cualquier color que fueran. Y sin embargo, en las noches y en las mañanas, en las siestas y en las tardes de todos los momentos finamente planificados y calculados, cronometrados con esmero y repetidos ad infinitum como una letanía de posibilidades, se encuentran y acortan todas las diferencias y las distancias y hacen de dos uno, con el único fin que se proponen y se permiten. Y siendo uno nunca dejan de ser ellos mismos: los que miran, palpan, humedecen, laten, gimen y estallan una y mil veces como en un espejo, replicándose, repitiéndose y enunciando, con cada poro y en cada centímetro de piel, una poesía profana y silenciosa.