Hundo mis manos en la tierra negra y húmeda que ocupa el centro de mi pecho. Escarbo y amaso en su frescura, sus milenarias partículas y sus oscuros secretos. Fragante y fecunda, me lleno de su aroma y de su (mi) esencia. Lejos, hondo, adentro de mis pulmones, llena y sepulta el perfecto correr de mis días.
Hundo mis manos en mi corazón, que como la tierra, ha descansado ya lo suficiente de tanto dar y espera ahora, tembloroso y feliz, el tiempo de empezar a recibir.
domingo, 8 de mayo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
XIV
A partir de ahora todo el tiempo se detiene. No habrá esperanzas amarradas a un cordón ni una luz intermitente alumbrando los insomnios. Te vas sin regalarme un minuto, llevando tus manos llenas de pájaros y uvas. Y reproches. Y me quedo vacía. Reseca. Con todas las palabras atoradas en mi pecho donde a tiempos se expanden y arrellanan , se niegan a salir si no estás frente a mí, se niegan, no como estas lágrimas que caen lentas, pesadas,amargas mientras escribo y van empapando mi regazo, que aún late con el recuerdo de tu cuerpo.
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